Movilización popular derrotará nuevo negociado

Movilización popular derrotará nuevo negociado

Desde el gobierno se está promoviendo un acercamiento entre grupos proclives a mantener el modelo neoliberal. Estarían acordando la salida a una eventual crisis que arreciaría en el país producto de la epidemia y, también, por las demandas sociales no resueltas las que en octubre, provocaron grandes protestas populares.

La movilización social volvió a los barrios populares en donde aumentan el coronavirus junto al hambre, mientras la elite vegeta fuera de la realidad.

La conversación de Piñera con Lagos, Frei y Bachelet es un paso más de la recomposición del bloque neoliberal que se constituyó a partir de noviembre del año pasado. Según la versión oficial, intercambiaron opiniones valorando “la preparación en términos de infraestructuras y destacando la importancia del fortalecimiento de la atención primaria pública”. En otra parte de la conversación se habrían apreciado “los resultados de las cuarentenas dinámicas y su efecto en el control de la propagación del virus”. A su vez, enfatizaron la «responsabilidad fiscal con la que el país debe hace frente a la actual crisis, respondiendo con rapidez y prudencia ante el avance y las consecuencias sanitarias, sociales y económicas de la pandemia». Un consenso acerca del gasto mínimo del Estado. Vale decir, fue un espaldarazo a la gestión del gobierno en dos elementos claves, las cuarentenas parciales y la cautela fiscal, aunque luego, con el avance masivo de la pandemia, Piñera debió reconocer que no se estaba preparado para afrontar la pandemia y había que “ser humildes para reconocerlo.” La obviedad señalada y la respuesta típica del neoliberalismo que, cuando no otorga bonos entrega paquetes de comida, demuestran un reacomodo de Piñera, pero en el marco de una línea general que no se ha abandonado, se cuida la economía por encima de las personas y se aprovechará el azote del coronavirus para que el gobierno salga fortalecido. ¿Qué significa que Piñera se robustezca? Principalmente que pueda establecer un marco de control suficiente para que logre terminar decorosamente su mandato y, para ello, no sólo necesita salir airoso de la epidemia, sino con capacidad de postergar al máximo la confrontación con el movimiento social. En tal sentido, está buscando acumular fuerzas políticas en torno a un acuerdo que mantenga las bases del actual modelo político económico, el que debería “orientar” el proceso constituyente que tarde o temprano deberá reiniciarse, evitando cambios que perjudiquen tal propósito.

Buscando tal función, la Derecha y los empresarios activan a Mario Desbordes, a quien se considera el exitoso artífice del acuerdo que salvó al gobierno en noviembre pasado. Fuera de los lugares comunes sobre la democracia y la desigualdad, lo concreto es que ralló la cancha. En primer lugar, el modelo económico es intocable, solo se le pueden hacer ajustes. En segundo lugar, el eje de acumulación de fuerzas para el Acuerdo Nacional es la Derecha democrática y la oposición democrática. En tercer término, apoyo irrestricto al gobierno en el manejo de la pandemia, evitando que asuma responsabilidades políticas por el mal manejo. Este último factor pareciera que no es relevante, pero es sumamente significativo, ya que debe complementarse con el proyecto enviado por el gobierno a la Cámara de Diputados en que condiciona la aplicación del Derecho Internacional, esperando con ello evitar un enjuiciamiento a Piñera por los atropellos a los Derechos Humanos cometidos durante el alzamiento ciudadano iniciado el 18 de octubre. Insulza sabe del tema, ya que fue uno de los artífices de la maniobra que evitó el enjuiciamiento a Pinochet en Londres.

¿Prosperará el nuevo Acuerdo Nacional?

Para progresar, el Acuerdo Nacional requiere, como factor importante, que quienes lo asuman sean representantes de sectores sociales que participan de la protesta social, de lo contrario será una alianza entre los mismos. En el negociado de noviembre se pensó que el Frente Amplio aseguraba que la gente que se manifestaba en las calles aceptaría el acuerdo finalizando las movilizaciones, pero aquello no sucedió, por el contrario, comenzó un masivo asedio a las comisarías de del conurbano de Santiago. El FA se dividió reduciendo su influencia política ostensiblemente, y es poco probable que sea tomado en serio en cualquier otra “cocina”, solo podría participar como vagón de cola, igualmente es poco probable que otro sector lo emule buscando autosuicidarse.

La Derecha y los empresarios, no han efectuado un análisis suficientemente meticuloso de la situación política y aquello los deja con gran debilidad para confeccionar un proyecto de salida a la crisis. Solo basta observar las declaraciones del presidente de la CPC para darse cuenta que tiene una corta e inflexible visión, incapaz de salir del círculo ideológico del neoliberalismo. No tienen capacidad de elaborar un “nuevo ladrillo”, menos para ubicarse políticamente en la situación mundial, se cohesionan con fantasmas, Venezuela o Corea. Los diplomáticos chinos deben divertirse tales tonterías. Igualmente, la institucionalidad territorial intermedia como los municipios no dan el ancho, reducidos como agencias clientelares hoy sus alcaldes ruegan para poder repartir la nueva limosna, el paquete de mercaderías de Piñera.

No obstante, aún los sectores proclives al nuevo negociado conservan los centros de poder, ya que la fuerza social aún no se transforma en fuerza política estratégica, permitiendo que las instituciones cupulares se impongan, por ello el Acuerdo Nacional o Pacto Social, en el hipotético caso que se concrete, es probable que, nuevamente, sea consensuado en la testera del Estado, principalmente Gobierno y Parlamento, para de allí derramarse hacia la sociedad a través de sus aparatos. Pero no resuelve el origen del descontento, el que, como se ha visto en estos días, solo se reacomoda. Hoy la protesta es contra el desempleo y el hambre y por el derecho a la salud y a una educación real. La estrategia de lucha continúa siendo la resistencia civil y más allá de la reivindicación coyuntural, el pueblo tiene claridad en que solo un profundo cambio en la relación de poder en el Estado permitirá construir una sociedad justa e igualitaria