Las revoluciones de colores como arma del Estado Profundo

Las revoluciones de colores como arma del Estado Profundo
A propósito de Bielorrusia

Los casos son numerosos: Ucrania, Venezuela, Georgia, Serbia, las primaveras árabes, Nicaragua, Bolivia y, ahora, Bielorrusia. Un diseño preparado por los servicios secretos y en el que destacan las ONGs, en especial USAID, entidad experta en penetrar la sociedad civil y formar los liderazgos.

Las operaciones desestabilizadoras efectuadas por los servicios secretos estadounidenses son cuidadosamente preparadas y con suficiente antelación para asegurar su éxito. Tienen fases y líneas específicas de implementación muy distintas a las directrices que plantea en sus textos Gene Sharp, el anciano ya fallecido, considerado el padre de las “revoluciones de colores”. No son espontáneas movilizaciones sino maniobras creadas por cerebros profesionales, expertos en destituir gobiernos y en el que la elección de un país se determina por razones de índole geopolítica, relacionadas al avance del proyecto patrocinado por el capital financiero a escala mundial. Así, la apropiación de recursos naturales, copar mercados internos, anteponerse a la influencia de países considerados enemigos o el derrocamiento de regímenes ideológicamente peligrosos, son las justificaciones para la destitución de un régimen o gobierno. La constitución de fuerza está determinada por la vieja máxima que considera al enemigo de mi enemigo como mi amigo. Sin embargo, la línea central está determinada por frenar el avance de Rusia y China, así, en Europa oriental, el deep state considera como principal enemigo a los rusos, por lo tanto agrupa a los nacionalistas y aquellas culturas que han sido anti rusas desde la época imperial. En el caso de los Balcanes, el enemigo es Serbia, el país más grande que históricamente ha influido sobre el resto de naciones más pequeñas. En el caso árabe se exacerba el fanatismo religioso para luchar contra los “infieles” que en el caso sirio era un régimen laico. En Latinoamérica la plataforma levantada es más ideológica, se lucha contra el socialismo o el populismo estatista que perjudica la actividad privada. En estas ofensivas se disputan la primacía los servicios secretos estadounidenses, del Reino Unido y el Mossad israelita como en Honduras.

Las naciones son ordenadas según su importancia y la necesidad de intervención, luego se constituye la fuerza y se establecen coyunturas para actuar. En Europa oriental se ha recurrido sin ningún escrúpulo a las organizaciones neonazis, ya que aseguran la realización del trabajo sucio, como la fusión del nacionalismo con un populismo capitalista extremo. El histórico sentimiento anti ruso en Polonia, occidente de Ucrania o en los países del Báltico, es un factor cohesionador que permite reclutar jóvenes que sienten un respaldo de la población en sus manifestaciones cercanas al fanatismo. Nadie se fija en las multinacionales que luego ingresan a apropiarse de los recursos del país.

Las fórmulas de desestabilización se basan en una línea básica que ubica al poder establecido, léase el gobierno, como el enemigo central al que se enfrentan los ciudadanos en términos pacíficos, pero que se “enfurecen” una vez que son reprimidos mortalmente. Son distintas fases que se van desarrollando de acuerdo a la respuesta del gobierno. Así, se utilizan francotiradores para eliminar a manifestantes como a policías, las masas embravecidas se apoderan de edificios públicos, se agrede ejemplarmente a quienes defiende al gobierno, en algunos casos se han quemado vivas algunas personas como técnica de amedrentamiento. En definitiva, se trata de mostrar la decisión de la gente común frente a un poder al que se rechaza moralmente, cuestión básica para desarrollar una identidad común que se vuelve incontrarrestable. Las dificultades de estas operaciones radican en su artificialidad, ya que en gran parte las realidades han sido adulteradas como es el caso del desconocimiento de resultados electorales que siendo reales son presentados como fraudes. En Ucrania, Bolivia, Nicaragua, Venezuela o Bielorrusia, la oposición perdió los sufragios, sin embargo, el rechazo a los resultados estaba decidido desde antes. De esta forma, se instaura la duda permanente que separa a las partes sin posibilidad de negociación o si esta se plantea, solo se acepta para que el gobierno retroceda a mínimos inaceptables.

Las revoluciones de colores solo pueden ser entendidas si se las analiza en el contexto de una ofensiva generalizada para la instauración del gobierno mundial, ya que si bien es cierto en varia oportunidades no han logrado derribar a los gobiernos, la permanente agitación interna y el bloqueo desde el exterior, dificulta el funcionamiento de cualquier Estado. O sea, se impone la imperial tesis estadounidense que plantea una sumisión total o, el país que se les opone, no va a poder funcionar, poniendo a los liderazgos en duros aprietos, ya que solo puede ofrecerles a sus ciudadanos un pedregoso camino. Sin embargo, la mayoría de las naciones que deciden seguir un camino independiente de Washington, en la última década se han visto favorecidas por el declive del esquema unipolar post guerra fría, de esta manera, pueden presentar alguna resistencia a la potencia norteamericana. Así, Siria o Venezuela, pueden sortear el extremo aislamiento al que se les somete, dejando de ser Estados parias y logrando manejar sus situación interna.