A 50 años del triunfo de la Unidad Popular

A 50 años del triunfo de la Unidad Popular
El 4 de septiembre de 1970

Fue el acontecimiento que cambió la historia de Chile para siempre y que impulsó un inédito proceso de cambios del cual derivó la dictadura más sanguinaria de Latinoamérica y, con ella, el experimento conocido luego como neoliberalismo.

Todas las encuestas señalaban que Jorge Alessandri Rodríguez, el candidato de la Derecha, resultaría ganador por sobre los otros dos aspirantes, Radomiro Tomic representando a la Democracia Cristiana y Salvador Allende Gossens, a la Unidad Popular. Era la cuarta vez que la izquierda llevaba como candidato al persistente doctor que en 1952 había abandonado su partido para fundar el Frente del Pueblo y construir una alternativa autónoma que representara auténticamente los intereses populares, en especial, de las y los trabajadores y pobladores. Aquellos años fueron clave para el movimiento popular chileno ya que en 1953, después de una criteriosa gestión de unidad liderada por Clotario Blest, se fundó la Central Única de Trabajadores, CUT. El vencedor de aquella elección fue el ex general Carlos Ibáñez del Campo, precisamente apoyado por el PS, quien tuvo que enfrentar la crisis ante el fracaso del modelo ISIS, abriendo el país al capital financiero de la mano de la Misión Klein Saks, una comisión de economistas norteamericanos que llegó al país con el objetivo de “recomendar” medidas liberales, lo que produjo un fuerte enfrentamiento con la CUT y la izquierda, lo que se reflejó en la constitución del FRAP, coalición que reagrupó a los partidos populares, liderada por Allende, ya que hubo que reconocerle que seis años antes había tenido razón. En 1958 la Derecha asumió el gobierno, pero fue incapaz de resolver la crisis del capitalismo y ante el avance de la izquierda, en 1964 decidió no llevar candidato y apoyar a Eduardo Frei Montalva, quien planteó una solución desde el neodesarollismo que tampoco dio resultado. Así en 1970, la izquierda presentó su propuesta a la crisis desde una perspectiva socialista y, contra todo pronóstico, la Unida Popular resultó vencedora.

UP: LA VICTORIA ES NUESTRA

La noche del triunfo, desde los balcones de la Fech, Allende señaló: “… esto que hoy germina es una larga jornada, yo solo tomé en mis manos la antorcha que encendieran los que ante que nosotros, lucharan junto al pueblo y por el pueblo. Este triunfo debemos dárselo en homenaje a los que cayeron en las luchas sociales y regaron con su sangre la fértil semilla de la revolución chilena que vamos a realizar”. Claridad absoluta, era la culminación de un camino emprendido por los trabajadores chilenos, iniciado en 1903, cuando el Partido Mancomunal de Iquique, organización clasista que no aceptaba en sus filas a alguien que no perteneciese a la clase obrera y que aspiraba al socialismo, se presentó a un proceso electoral en lo que se conocía como democracia burguesa. De allí hacia adelante, los partidos de izquierda transitaron en la lucha electoral, hasta la década de los años 1950, época en que un fracción del Partido Comunista, conocida como el “Reynosismo” propició una lucha de ruptura que incluía acciones armadas. El proceso de la UP fue inédito ya que buscó la toma del poder por la vía institucional, utilizando el aparato estatal para un cambio estratégico en la correlación de clases y de fuerzas que permitiera alcanzar el socialismo. A excepción de la revolución cubana, no ha existido hasta el momento un proceso de mayor profundidad en Chile ni en América. Como vía de acceso al poder, la UP fue antagonista de la vía insurreccional, aunque Allende, no descartó incluir en la defensa del proceso la dimensión militar, lo que demostró en la mañana del golpe de 1973. Sabiendo que la correlación de fuerzas era desfavorable para el pueblo, durante su gobierno atrasó al máximo el enfrentamiento, pero cuando este se presentó no dudó en asumirlo muriendo en combate, jamás aceptaría tranzar o exiliarse mientras su seguidores eran masacrados. Su gran talento político lo hizo concretar una estrategia que entonces era una ilusión, un marxista alcanzando el gobierno por medio del sufragio. Su muerte, como un civil, un médico que enfrentó a tanques y aviones sin rendirse, lo proyectó a la historia. Un paso decisivo lo constituyó el triunfo electoral del 4 de septiembre del 1970.