Bielorrusia y el nuevo intento de cercar a Vladimir Putin

Bielorrusia y el nuevo intento de cercar a Vladimir Putin
Militantes nazis marchan en Minsk

La ofensiva para avanzar hacia el límite con Rusia por parte de la OTAN, busca frenéticamente debilitar la renovada presencia rusa en el escenario mundial y de paso obstaculizar el avance chino hacia Europa.

No hay duda de que la operación fue preparada con años de antelación y daba lo mismo el resultado electoral, se trataba de generar un alzamiento recurriendo a la ya la antigua estrategia conocida como “revoluciones de colores”. Así, las elecciones en Bielorrusia, realizadas el pasado 9 de agosto, fueron objetadas sin ninguna prueba, sólo bastó que la candidata pro occidental, esposa de un bloguero, Svetlana Tikjanovskaya, haya señalado que ganó las elecciones y que el resultado era un fraude. De inmediato las naciones de la Unión Europea lideradas por el encargado de relaciones, el español Josep Borrell, iniciaran una campaña desconociendo los comicios. En un libreto conocido, se recurrió a ONGs, financiadas por agencias europeas y norteamericanas y se potenció el factor nacionalista anti ruso, reactivando las agrupaciones nazis que revivieron los símbolos utilizados por los colaboracionistas durante la invasión de la Alemania nazi durante la 2a Guerra Mundial. Así, la bandera rojiblanca se alzó como señal de resistencia nacional, oponiéndose a la oficial, aprobada en un referéndum en mayo de 1995, con un 75,1 por ciento a favor. El reelegido presidente bielorruso Alexander Lukashenko, lleva 26 años en el poder y su contextura hosca y fuerte, junto a sus pocos finos modales fue analizada como un elemento negativo, y a explotar como debilidad. Para ello, los medios de comunicación occidentales lo presentaron como “el último dictador soviético de Europa». Se resaltaron los aspectos negativos de su imagen y se les antepuso a tres mujeres jóvenes y atractivas, que nunca habían participado en política, para exacerbar el otro extremo, el no contaminado con las suciedades partidarias, amable, maternal, suave, frente a una especie de troglodita ambicioso y hambriento de poder.

Así, junto a Tsikhanouskaya, se levantó la figura de Veronika Tsepkalo y María Kolesnikova, las que catalizaron el desgaste de Lukashenko y se alzaron con el liderazgo, a pesar de que dos de ellas decidieron salir al exterior, para coordinar con los mandatarios europeos las acciones a seguir. Josep Borrell comprometió públicamente una ayuda “al pueblo bielorruso” de 50 millones de euros, a pesar de que la Unión Europea prohíbe que otros estados financien acciones políticas en su interior. Las manifestaciones, masivas en un comienzo, han ido declinando ya que las condiciones del país no son las mismas que Ucrania, el caso más cercano de una revolución de color. Asimismo, Bielorrusia no depende de Europa ni de Estados Unidos, por lo que el factor sanciones no le afecta al gobierno ni a su economía. No obstante, es evidente que las protestas no tienen solo un origen conspirativo externo, también se desarrollan por los errores cometidos y el deterioro de un liderazgo que debe renovarse, ya que inclusive grupos de trabajadores apoyó las protestas, aunque luego desistieron.

bielorrusas

Según el índice Ginni, Bielorrusia es uno de los países con distribución de ingreso más igualitarios del mundo, cercano a Islandia, ya que si bien su PIB per cápita no es alto, la forma en como está redistribuido permite decir que mantiene una baja desigualdad. Su economía es mixta y mantiene un sector privado creciente, sin embargo, el Estado controla sectores nacionales estratégicos como la industria, agricultura y recursos energéticos. Así, un factor de relevancia, al igual que en el caso de Polonia en los años 1980, es la necesidad de que la rebelión sea asumida por amplios grupos de trabajadores estatales, lo que sucedió en el comienzo, pero no con la masividad suficiente como para poner en jaque al gobierno. Pero, en definitiva, el propósito de los grupos opositores es el derrocamiento del régimen de Lukashenko para implantar una agenda neoliberal que impulse las privatizaciones y debilitar el Estado, que hasta el momento, ha desplegado instrumentos de protección que en los días más duros de las recientes crisis, logró mantener y elevar el empleo como los salarios, cuestión que pocos gobiernos lograron efectuar. Externamente, la posición que asuma el gobierno ruso es crucial para la estabilidad de Alexander Lukashenko y, hasta el momento, el presidente Putin lo ha apoyado decididamente, entendiendo que junto a los evidentes errores cometidos, existe una conspiración de los gobiernos europeos que busca derribarlo a cualquier precio. Durante los últimos días, la oposición bielorrusa ha señalado abiertamente su disposición a introducir reformas neoliberales, lo que ha disminuido la participación en la marcha que se efectúa todos los domingos.