La urgencia de reforzar el sindicalismo clasista

La urgencia de reforzar el sindicalismo clasista

El individualismo es el caballo de troya que la ideología liberal ha introducido al interior de los sindicatos, tal situación favorece a la patronal que incentiva el establecimiento de relaciones con personas o grupos pequeños a los que puede manipular sin mayores dificultades.

Junto a la lucha por los derechos sociales y salariales, se debe emprender en forma simultánea y complementaria, una ofensiva ideológica que destaque la imposibilidad de un avance de la lucha de los trabajadores en la defensa de sus intereses, si no se organizan en sindicatos fuertes y con dirigentes que posean un alto nivel de conocimiento.

Cada vez es más urgente la necesidad de reconstruir el movimiento sindical, pero las condiciones para que esto suceda son complejas. Aunque, se debe aclarar una cuestión básica, cuando nos referimos a movimiento sindical no es solo a la existencia de sindicatos, sino a la constitución de una fuerza social, política e ideológica que defienda los intereses de quienes viven de un salario y que tenga propuesta de cambio de las relaciones sociales que permiten al capital su dominio sobre el trabajo.

Lo positivo es que después de años, por fin existe un consenso en que el capitalismo se transformó y con ello varió la organización de la producción como los sistemas de trabajo. Pero, dichos cambios favorecieron solo a la clase empresarial, ya que la precarización se transformó en el eje de la acumulación y de manera conjunta se desmontó el aparato de protección legal que medianamente permitía cierta defensa a los trabajadores y, además, el neoliberalismo redujo el carácter del Estado al de simple observador, sin respaldo al más débil, lo que al final significó apoyar al empresariado, porque la neutralidad fue una simple excusa destinada a justificar la sobreexplotación de la fuerza de trabajo.

Individualismo y debilidad del colectivo que protege

Uno de los principales problemas que encuentran los activistas que sacrificadamente persisten en fortalecer los sindicatos, es ideológico, el que no es menor, ya que el avance del liberalismo en las últimas décadas, fomentó el individualismo a nivel de toda la sociedad, cuestión que provocó reticencia por parte de los trabajadores, a participar en los sindicatos. Situación que además, se complementaba con la flexibilidad impuesta en la contratación como en las facilidades en los despidos y la tercerización de la producción.

De esta manera, aspectos de crucial relevancia como es la lucha por los ingresos manifestada esencialmente a través del nivel del salario, dejaron de enfrentarse colectivamente, lo que solo fue posible en aquellos sectores en donde existen grandes agrupaciones de trabajadores formales y con gran respaldo económico.

Además, la forma en que el modelo económico deterioró el empleo y las formas de no trabajo, fortaleció la salida individual, como es el caso de los cuentapropistas. Por lo tanto, al margen de las grandes tareas a las que debe enfrentar el sindicalismo, la necesidad de enfrentar la lucha por las ideas es fundamental. No solo en lo que respecta a recuperar la importancia decisiva del trabajo en la producción de riquezas de un país y, consiguientemente, la relevancia de los trabajadores, sino que también, en lo que representa toda actividad colectiva y apoyo mutuo.

Los llamados a la unidad, que son absolutamente necesarios, no tienen destino si no se confronta la acción individualista de corte liberal, la que inclusive rechaza la “intromisión” del Estado, levantando un escenario ideal para la patronal que observa eufórica como sus trabajadores le facilitan el camino para que puedan acumular riquezas frente un desorganizado movimiento sindical.