¿Se abre el espacio para una fuerza antisistémica?

¿Se abre el espacio para una fuerza antisistémica?

La poca iniciativa de todas las fuerzas políticas chilenas, está generando un clima propicio para que las organizaciones y los militantes de la izquierda que están por los cambios, puedan rearticularse e inicien un proceso que les posibilite superar la gran dispersión.

Las reformas a las que aspira el gobierno, tienen dificultades para su asentimiento y, de ser aprobadas en una negociación con la Derecha, el resultado no impactará en gran medida en la situación de las personas y será un vano esfuerzo para mostrar capacidad política.

El inmovilismo de las fuerzas del gobierno, así como la indefinición en la Derecha, han generado una parálisis en lo referente a despejar el principal problema de la política nacional, la no resolución de la crisis que suscita el agotamiento del orden de la transición, por tanto, el término del pacto que existía entre las fuerzas liberales de las llamadas centroderecha y centroizquierda, para la implementar el neoliberalismo bajo un régimen democrático representativo protegido.La condiciones objetivas y subjetivas a escala nacional como mundial, que permitieron los famosos 30 años, ya no existen, por lo que surge como un básico elemento, la búsqueda de un proyecto alternativo de sociedad.

La errática conducción del gobierno y la evidente incapacidad del grupo de partidos que lo sostiene, anulan cualquier expectativa de configurar una línea estratégica que permita una salida, lo que se debe principalmente a que esta solo puede ser antisistémica y dicha conclusión es eludida por quienes hoy dirigen el país desde los cómodos sillones de La Moneda.

Tal escenario significa que existe un amplio espacio político y social para la construcción de una fuerza de izquierda, pero asumiendo que esta solo podrá desarrollarse al calor de una lucha que cuestione el tipo de capitalismo que hoy impera en Chile y que tenga la audacia suficiente para elaborar un proyecto alternativo que, al menos, contenga las bases de una nueva economía, un nuevo Estado y un régimen político que supere la democracia representativa liberal.

En la actual situación política, cual más o menos, los analistas asumen la existencia de un problema político y la persistencia de la incertidumbre y, frente a ello, la Derecha en diferentes versiones propone más de lo mismo, o sea, no asume la necesidad de cambios. Por otro lado, la agrupaciones gobiernistas admiten que urge la realización de transformaciones, pero no tienen la capacidad ni la voluntad política para realizarlas, ante lo cual, se impone un ritmo administrativo errático que a nada conduce.

Ciertos partidos, como el comunista, intentan desde el gobierno desarrollar una acotada política de cambios, pero hasta el momento solo han logrado efectuar una débil contención. Pensar en una táctica dual y encerrados en el marco institucional mientras arrecia una crisis tan profunda como la chilena, no lleva a ningún lado.

No hay salida en el contexto del modelo ni de la actual institucionalidad.

Algunos ideólogos de la Derecha y de la ex Concertación, promueven la reforma del sistema político buscando que vuelvan los grandes bloques y se termine con la existencia de muchos pequeños partidos, lo que es una insensatez, ya que aquello solo puede suceder si se resuelve la crisis.

Ante ello, el avance paulatino sobre la base de reformas que poco a poco vayan cambiando la situación es un escenario que no dio resultado.

Solo es factible una clara propuesta antisistémica y ella debe ser levantada por la Izquierda. Apostar por más de lo mismo es inviable y postergar los cambios es un suicidio, por ello, hay un espacio objetivo para el crecimiento de una fuerza transformadora. Pero aquello no llegará por arte de magia sino por la rearticulación política tras una estrategia que incida en la situación política. Concentrar el trabajo solo en las elecciones o en la lucha social reivindicativa es poner los bueyes antes de la carreta. Precisamente, se deben emprender todas las luchas, pero encuadradas tras una meta política única. De lo contrario, se desaprovechará la situación y de nuevo imperará la marginalidad.