¿Se acerca una nueva guerra civil en Estados Unidos?

¿Se acerca una nueva guerra civil en Estados Unidos?

A pesar de que las disputas al interior de las facciones empresariales de Estados Unidos provocan grandes titulares, muy pocos medios identifican las tendencias en que están divididos y, por lo general, no detallan sus ideas ni sus nombres.

El enfrentamiento que se ha generado entre globalistas e industrialistas nacionalistas no tiene señales de terminar y es probable que continúe profundizándose. Hoy el área de disputa es el control del gobierno federal, lo que se decidirá en noviembre.

A pesar de las discrepancias Estados Unidos ha obtenido avances, no ha sufrido una recesión y su economía se ha expandido, a diferencia de sus aliados europeos. Sin embargo, la división no le permite proyectarse a largo plazo y con todo su poderío.

La gran preocupación es el avance de China, así como el rearme de Rusia como potencia y, el liderazgo que ambos países mantienen en los BRICS, un bloque que pronto superará al G7 en cantidad de miembros y en Producto Interno Bruto.

Nadie puede pensar que la carrera presidencial está definida, pero el resultado no resolverá el serio deterioro de la situación interna. A pesar de que existen coincidencias sobre varios temas, los objetivos de la dos grandes facciones en que se dividió la clase dominante estadounidense, son muy diferentes, por lo que una definición es obligatoria, ya que no pueden seguir obstaculizándose. Los globalistas, representados por Biden en el gobierno, necesitan que el capital financiero siga liderando la economía mundial, pero los nacionalistas-industrialistas, quieren que el sector productivo no dependa de los fondos de inversión especulativos.

A pesar del fuerte sesgo liberal de ambas fracciones, el control del aparato de Estado es estratégico y tras dicho objetivo se declararon una guerra que cada vez más adquiere contornos catastróficos, al menos, hasta que una de ellas, no logre una clara hegemonía sobre su adversario o alcancen un acuerdo satisfactorio.

Los intereses en pugna se defienden férreamente y, aunque tienen enfrente a un creciente conjunto de países que se les opone, las fórmulas para confrontarlos son distintas.

Trump señala que resolvería en 24 horas la guerra en Ucrania o que no defenderá a un país de la OTAN de un ataque ruso, si este no invierte un 2% de su PIB en defensa. A su vez, diferenciándose claramente, Biden sostiene que defenderá cada centímetro de tierra de un país de la OTAN agredido por Rusia.

Ampliando los escenarios de la confrontación

Hoy Trump está siendo juzgado por varias causas, mientras que Biden sufre una campaña de descrédito de su capacidad mental y Hunter, su hijo, fue acusado por tráfico de influencias y delitos bancarios. Así, la utilización de los tribunales de justicia, del congreso y otras entidades, en medio de una cruzada mediática sin precedentes, resiente la institucionalidad y es evidente que el orden consensuado desde hace siglos tiende a debilitarse. Lo crucial será el reconocimiento del resultado en las urnas en noviembre próximo.

La consolidación de los nacionalistas al interior del Partido Republicano,, a costa de los antiguos continentalistas, asegura la nominación de Trump y con ello se afianza la división. No obstante, ambas corrientes conservan coincidencias. La principal es la declaración de China y Rusia como sus principales enemigos y, en tal marco la política hacia Latinoamérica no tiene grandes diferencias. La doctrina Monroe las satisface totalmente.

Inclusive, en áreas que parecieran ser sensibles, como es lo relacionado a la migración, no difieren sino en las fórmulas. El capitalismo estadounidense necesita mano de obra y esta históricamente es proporcionada por la afluencia de personas desde el exterior del país. De esta manera, con diferencias y coincidencias, lo más relevante radica en el nivel y destino de la acumulación, ese es el tema sobre el cual no logran acuerdo.