Marginalidad, mercado del trabajo y delincuencia

Marginalidad, mercado del trabajo y delincuencia

El deterioro del mercado del trabajo, con extrema movilidad y competencia salvaje, a lo que se suma la reducción de la labor social del Estado que deja desprotegido a quien no tiene defensas, origina la exclusión que solo puede ser neutralizada con la pertenencia a estructuras al margen de la ley.

La existencia de submercados del trabajo ubicados en un sutil límite entre lo legal y lo ilícito, pero aceptados por el sistema como empleo precario cuentapropista, origina un mundo paralelo en el que la prostitución, el narcotráfico, el sicariato o la venta ilegal, son la única forma de ingresos asegurados. Por tanto, el problema no es solo policial, sino que social y de corte estructural.

No existe claridad si en los datos que entregan los organismo especializados del Estado, se incluye con una certeza meridiana la prostitución callejera, el narcotráfico en su versión micro o a gran escala, así como el sicariato, el secuestro, contrabando de cigarrillos o limpiadores de vidrios de automóviles de las esquinas, entre otros muchos “oficios” de este mercado del trabajo que surge de la miseria y del proceso de exclusión que culmina en una marginalidad feroz y orgánica, que junto al desempleo estructural, se transforma en caldo de cultivo de la delincuencia tanto en Chile, como en toda la región latinoamericana.

La clase empresarial y la mayoría de las organizaciones sociales, políticas, religiosas y culturales elitistas, además del aparato mediático de la burguesía, evaden enfrentar el tema como producto del modelo económico y, particularmente, en lo relacionado con el mercado del trabajo, los ingresos, la movilidad laboral, la competencia o la real jerarquía del conocimiento en la producción de bienes y servicios.

La clase dominante trata el asunto desde una dimensión maniquea, o sea, entre buenos y malos, por lo que le es muy fácil desentenderse del problema, al margen de que la connotación clasista, sitúa todas las “lacras” en los sectores populares, ya que con ello cumple el doble objetivo de limpiarse y, a la vez, lograr asociar la delincuencia con la protesta social, siendo el caso más emblemático, el de las “barras bravas” del futbol chileno.

El modelo neoliberal, necesita para su expansión dos elementos que, con gran empeño de los empresarios para ocultarlos, son esenciales en el aumento de la delincuencia, uno es el deterioro del mercado del trabajo con la introducción de una competencia salvaje que deja amplios segmentos excluidos, los que indefectiblemente transitan hacia a la marginalidad, creando su propias defensas, normativas y diferentes expresiones subculturales. Por otro lado, la reducción del Estado, al que se despoja de cualquier responsabilidad social, depreciándolo como instrumento de protección, al que se denomina pomposamente “subsidiario”, es un factor determinante a la hora de comprender la persistencia, fortaleza, audacia y capacidad de expansión, de grupos criminales que proliferan por las grandes urbes y localidades rurales.

Precisamente, el hecho de que no haya cuadros estadísticos, análisis de datos o líneas de proyección, que vayan más allá de lo represivo, lo que le confiere a un tremendo problema social, político y cultural, originado por el modelo, solamente una dimensión policial o producto de la migración, exhibe las trampas que se instala la sociedad para evadir tratar el problema con seriedad, sin atender las razones de su origen y, por parte de la Derecha, aprovechando el problema para alcanzar algunos grotescos logros políticos.