¿Por qué no se pueden lograr los esquivos acuerdos?

¿Por qué no se pueden lograr los esquivos acuerdos?

El origen de la dificultad que existe para alcanzar acuerdos, debe buscarse en el fuerte deterioro de las bases que sustentaban el agotado orden político.

Hoy no se puede construir uno nuevo, debido a que los partidos insisten en funcionar como si nada hubiese pasado y, los que entienden el problema, no encuentran la solución.

Los acuerdos surgen cuando se construye un consensuado espacio de disputa de los intereses de cada clase social, el que mantiene un equilibrio sobre la base de normas que son aceptadas por los grupos que dominan como por gran parte de los dominados, teniendo al Estado como principal factor de defensa del orden acordado. En el 2019 el espacio de consenso se agotó, porque las bases que lo sustentaban no son aceptadas por parte de la población, lo que no se ha resuelto, por ello, es inviable esperar grandes acuerdos.

Con insistencia, dirigentes de la ex Concertación y Chile Vamos, lamentan lo difícil que resulta reinstalar los acuerdos en la política nacional. Quejumbrosos y nostálgicos añoran una etapa del país en la que se llegaba fácilmente a los consensos. No reparan en que el problema no radica en los pactos por sí mismos, sino en su objeto. Si en los 30 años de la transición se lograron amplios compromisos, fue porque hubo coincidencia en varios aspectos siendo el más importante el de tipo ideológico. Toda la elite aceptó que el liberalismo era el pensamiento único sin contrapesos. En segundo lugar, se admitió que la democracia representativa eurocéntrica era el régimen ideal, el modelo neoliberal basado en el Consenso de Washington la fórmula económica perfecta y que la justicia podría aplicarse: ”en la medida de lo posible”. Por ultimo, hubo un tácito reconocimiento en seguir siendo miembro del “mundo libre”, bloque capitalista liderado por Estados Unidos. Todo ello, le daba consistencia a un orden político que permitió el manejo del poder por cualquiera de sus suscriptores, con el compromiso del respeto irrestricto a las base acordadas en 1989 y que cualquier cambio, se debía inscribir en el marco de la Constitución del 80. Todo ello concibió una sociedad en la que predominó la desigualdad y la exclusión como efectos directos.

En definitiva se constituyeron dos países muy distintos, generando la rebelión del 2019 de quienes estaban fuera del orden, la que por razones aún no analizadas con rigor, solo logró constituirse en una revuelta popular, pero con un resultado concreto, el fin del orden de la transición, porque las premisas que lo sustentaban fueron rechazadas y no surgió un espacio para construir uno nuevo. Hoy el país se encuentra en una fase de incertidumbre, que debe asumirse como la pérdida del control sobre el futuro. Por tanto, si no hay posibilidad de alcanzar consensos es porque no hay perspectiva de crear las bases de un nuevo orden y quienes lloran porque no hay acuerdos, deberían ser más rigurosos y analizar que la Derecha y una pequeña parte de la ex Concertación no asume que el orden de la transición feneció y melancólicos del pasado reciente, no son capaces de reponerlo y actúan sin brújula, mientras que la llamada centroizquierda, está dividida entre un sector que intuitivamente admite que se necesitan cambios, pero no sabe cómo hacerlo y otra facción que tiene dudas y oscila lloriqueando con un discurso a favor de los acuerdos, con un vacío estratégico y primando lo errático. Así, todo el conjunto de la vieja y nueva elite política deambula en el corto plazo, desenvolviéndose con ideas comunes y en el caso del bloque derechista, con grupos con alto grado de desesperación que los aleja del mínimo sentido común quedando en desventaja frente a quienes tienen la cabeza fría.